Se quedaron solos. Ella dijo algo que él no escuchó, y con
la mirada puesta en la ventana, encendió un cigarrillo. Él hojeaba un libro.
Ella trataba de hallar en el pasado el ancla de un recuerdo que la hiciera
quedarse. -¿Te apetece un café? No hubo respuesta. Él dormía, o fingía dormir.
La escuchó salir del dormitorio. Trató de imaginarla en la cocina removiendo
cacharros o llorando. Ya se le pasará, démosle tiempo. Ella sacó su abrigo del
armario, y escapó demacrada del espejo. Desde el largo pasillo, comprobó que
todo estaba en orden en la casa; los objetos, los muebles, las cortinas, los
retratos, las luces, las alfombras. Él entreabrió los ojos, pero no pudo ver la
hora y se quedó dormido. Ella antes de marcharse lo miró largamente. Él, en
ese momento, la soñaba a su lado. Ella dejó sus llaves en la mesa. Él, después
de diez años, se sigue reprochando carecer de valor para buscarla.
martes, 2 de octubre de 2012
domingo, 30 de septiembre de 2012
EL PACTO
Ante la negativa de ella, se obstinó en pactar con el
diablo: -Diez años de mi vida a cambio de que consiga enamorarla. El maligno lo
miró un instante, y asintió. –Está bien, firma. Y cuando tuvo el documento firmado en sus manos, sonrió
burlón. –Se te agotó el plazo –dijo-
me ofreciste diez años y sólo te quedan seis de vida, así que ven
conmigo, y ya veré cómo me cobro los cuatro restantes. Por cierto, me ha sido fácil complacerte, ella está enamorada de ti.
sábado, 29 de septiembre de 2012
LA DECLARACION
Se miraron a los ojos. Él comprendió que aquel encuentro no
era algo casual. Que ella tenía las claves de su futuro en las manos. Supo que
de lo que dijera dependería esa inesperada relación apenas iniciada. Estaba
nervioso, emocionado e incluso triste, pero en el fondo esperaba que esta vez
todo saliera bien. La joven era hermosa y parecía tranquila, casi indiferente.
Ella dejó de mirarlo y su voz sonó firme y resuelta, -Bueno, don Carlos, como
ya le dije hemos detectado irregularidades en su declaración de la renta.
AUSENCIA
Retiró del
portarretrato la fotografía y la guardó en el cajón de la mesilla de noche. No
tardó nada en quedarse dormida, pero esa noche sintió frío y no soñó.
DESAMOR
Después de más de veinte años juntos, cayó en la cuenta de que ya no sentía nada por ella. Comprendió que había dejado de gustarle. Ya no la quería. Recordó las largas veladas de antaño junto al fuego, los románticos atardeceres en la terraza, las placenteras siestas que gozó entre sus brazos tibios y acogedores. Ahora le incomodaba su presencia, la rehuía, trataba de no mirarla para no sentirse culpable. Por compasión, a veces le dedicaba una caricia al pasar a su lado, y en el fugaz contacto, percibía el frío y la indiferencia de ella.
¡Estoy harto! exclamó, mientras abandonaba a su vieja mecedora junto al contenedor de basura.
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